Tuesday, 6 May 2014

La gente fantasma de Cambridge



La gente fantasma es la que se te atraviesa de noche, materializándose ante la luz de un auto en movimiento. La gente fantasma es aquella que escuchas venir hacia ti en un camino solitario y cuando esperas que llegue a tu encuentro no sientes más que una brisa. Existe gente fantasma en muchas ciudades, y en muchos países. La gente fantasma representa un salvavidas en un espacio desconocido y anónimo. La gente fantasma desaparece sin previo aviso, nunca volverás a verla en la vida.

Para vivir en Cambridge tienes que saber nadar. En determinadas épocas del año la humedad en la atmósfera es tan alta que respirar era imposible, y la única forma de salir a las calles era conteniendo la respiración. Como los tanques de oxígeno son escasos y muy pesados, gran parte de la población de Cambridge ha aprendido a deslizarse nadando, aprovechando las corrientes de aire que azotan la ciudad. Al haber pocos edificios y amplios parques esta forma de transporte es particularmente eficiente y rápida, lo que permite trasladarse sin temor a morir de asfixia. Esto resultaría imposible en lugares mas densamente poblados como Londres. La gran mayoría de las noches, observaba a los deslizadores de vientos regresar a sus casas desde la estación de trenes y el centro. Extensas manadas de gente que esquivaba copas de árboles, cableado eléctrico y torreones de los colleges.


Cambridge solo envejece cuando llega la primavera. Todos sus relojes solares vuelven a la vida, falseando su verdadera edad. Las primaveras son cortas y llenas de amenazas invernales, por lo que estallan con euforia. Los parques se pueblan con las largas piernas de las británicas, creando bosques de piel que se mecen ante la brisa. Internarse en esos bosques es no poder mirar hacia arriba. Las copas de los árboles son encajes de colores que, en vez de dejar pasar el sol, lo absorven.


Cambridge tiene la cualidad de los lugares inhóspitos e inhabitados, siendo una ciudad. Los edificios y la gente que la habitan existen en una dimensión distinta a la de sus cielos y su viento. Estos son de una cualidad marciana, como si uno estuviera viviendo en la luna, en medio de la nada, en un paisaje inhumano pero, aún así, tuvieras que conservar todos los elementos de los que está hecha una sociedad. Miras al cielo en Cambridge, caminas a través del inclemente Parker´s Piece y sientes que los campos alrededor vienen a reclamarte. Sientes que el viento va a partirte en dos, y que el frío es una cualidad habitable, que no hay forma de evadirlo. Y justo cuando piensas que sería mejor entregarse, alguien te pasa a llevar, se disculpa y recuerdas, que estás rodeado de gente que, como tu, luchan contra el frío. Cambridge es una ciudad, después de todo. Una ciudad que se mueve en un desierto de hielo y que, de vez en cuando, traspasa los límites habitables. Es como un barco moviéndose entre glaciares.


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