La profesora Lene Vestergaard Hau de la Universidad de Harvard ha logrado detener la luz. Como en todo proceso de conquista, primero logró hacerla disminuir su velocidad y, después, la detuvo completamente... por una milésima de segundo. Pero detener una de las constantes de nuestro universo viene después de un proceso no directamente relacionado, que es enfriar átomos. Hau, física teórica de Dinamarca, y su equipo lograron a mitad de los años 90, llevar a un grupo de átomos al cero absoluto (-459,7 grados Fahrenheit o -237,6 grados Celsius), aunque tengo amigos que me dicen que todo es casi casi, y no absoluto en este tema. A esta temperatura los átomos tienen nada de energía, y ni se mueven. Esto casi, casi, es un estado de la materia, predicho por Bosé y Einstein; el condensado Bosé-Einstein que se da casi al llegar al cero absoluto.
Hau comenzó a hablar con un investigador en Stanford y a ambos se le ocurrió la idea, ¿cómo se formarán esas ideas, desde la ciencia pura o producto de la poesía?, de usar un grupo de átomos fríos para atrapar la luz. Crearon una especie de trampa de luz con lásers, colocaron la nube de átomos en estado casi inmóvil, casi muertos, al centro de esta trampa y dejaron que un haz de luz intentara cruzar al otro lado de la nube. La luz que entra a esta trampa transfiere su energía los átomos. Esto aumenta los niveles de energía de los átomos dependiendo de la frecuencia e intensidad de la luz. Un segundo laser (en los ángulos precisos) actúa como freno de modo que los investigadores lograron detener la luz por una milésima de segundo. Cuando este otro láser es activado, los átomos transfieren su energía de vuelta a la luz y ésta escapa de la nube de átomos a toda velocidad.
Quizás lo que más me llamó la atención de esta historia es la idea de que la luz deja una especie de huella en la materia que toca (los átomos). Esto permite la conversión luz-materia-luz. En cierto modo, significa que uno podría mover la luz, guardarla, literalmente, y luego volver a liberarla en otro lugar. Puedes mover la luz en el espacio-tiempo. Puedes hacerle una muy mala broma a alguien y matarlo del susto cuando libere, sin querer, la luz oculta en un regalo, o puedes hacer metáforas realidad como "su presencia ilumina la habitación" (otras aplicaciones más útiles de guardar luz las pueden encontrar más abajo, en las referencias).
Quizás tanta referencia a la luz me hace pensar en esas tarde oscuras de invierno, cuando ocurre el milagro de que la gente que quieres tenga frío, tiempo, y ganas de ocultarse bajo una frazada contigo. Esas tardes en que te encuentras mirando el techo y conversando, u hojeando un libro, o jugando un juego silencioso en el celular. Quizás cierta gente, aquella con la que tienes la suerte de compartir esos momentos, quizás gente que ahora detestas o extrañas, deje una huella en ti que es como la impronta que la luz deja en esos átomos helados, una marca que transportas a todos lados, sin darte cuenta. Y, aquí la tercera derivada de la ensoñación, es que sea posible volver a la vida esa marca, de forma inversa, que en vez de una luz sea una sombra, que, si se proyecta desde tu cuerpo, reconstruya a esa persona. Solo necesitamos los lasers. Solo necesitamos la física emocional, que nos permita comprender cómo volver a proyectar ese cuerpo o esos cuerpos enquistados en uno, con qué haz debemos bañarnos para reconstituir esas sombras, ojalá, queridas y añoradas.
Y si esta lógica les parece un salto cuántico, no creo que sea distinto al de una luz que se detiene, y luego escapa.
Fuentes:
El programa de Radiolab: http://www.radiolab.org/story/267124-speed/
http://www.radiolab.org/story/267369-behind-the-scenes-master-universe/
http://www.news.harvard.edu/gazette/2001/01.24/01-stoplight.html