J habia nacido con dos ojos, genitales y una cabeza. Estas no eran las unicas cosas con las que habia nacido pero eran, al menos, las mas relevantes para el. El mundo ante el cual abrio los ojos estaba hecho de luz disparada por los objetos a su alrededor a distintas longitudes de onda. El mundo al cual abrio los ojos estaba hecho de luz refraccionada que es lo que le sucede a la luz cuando cambia de un medio a otro. Es lo que le sucede a la realidad cuando ves un espejismo. Cuando sumerges un objeto solido en agua.
J pertencia a unos primates que heredaron un lente para ver la luz. El lente, que provenia de antiguos y simples moluscos, no se encontraba en la especifica distribucion de proteinas que era el ADN de J. Sus ojos no percibian los cambios de luz ni el reflejo de ella en los objetos. Si te acercabas a sus ojos , en verano, podias sentir el calor irradiado quemar las yemas de tus dedos. Si se quedaba largas horas con el rostro hacia el sol sus ojos se convertian en reactores nucleares. Girasoles hambrientos, absorvian el calor pero no podian percibir la luz.
J pasaba horas frente a campos amarillos sembrados de trigo, observando directamente el sol, sin sentir jamas dolor. Los dias de verano eran largos y calidos, los niños pasaban a su lado corriendo a comprar helados sin notarlo, el sonido del follaje acariciado por el viento lo ayudaba a dormir por las noches. Un dia, al final del largo verano, cuando el frio comenzaba a arrancar hojas al follaje, alguien del pueblo invito a J a su casa. Ahi le ofrecieron algo caliente para beber y le pidieron que abriera sus ojos. El calor almacenado se esparcio por las habitaciones y los cuerpos frios de sus ocupantes. Desde entonces, cuando el verano terminaba, J paseaba por las calles del pueblo hasta que elegia una casa. Ahi la gente le ofrecia dulces y sopas, y verduras y frutas dulces a cambio de los soles que dormian en su rostro. J pasaba los inviernos en diferentes casas, durmiendo en el dia y con los ojos abiertos toda la noche, pensando en las respiraciones que lo rodeaban, saboreando los dulces que dejaban en su regazo.
Si J hubiera podido leer las particulas de luz flotando a su alrededor habria sabido que sus ojos eran un cuerpo negro, un ente imposible de encontrar en la naturaleza. Habria sabido que era un portento, capaz de absorver toda la luz y la energia que lo rodeaba. Habria entendido ese silencio que lo despedia por las mañanas, las calles llenas del eco de sus propios pasos, las puertas a medio abrir, las manos temblorosas que lo recibian en los umbrales.
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